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from El Continente de la Elefanta


Post de reflexión rápida de la ropa, sin datos, ni suficientes argumentos para demostrar cosas que se saben.

Cada tres meses en las juntas que tengo con mis amigas y hermanas de camino, llevamos ropa, zapatos, accesorios, libros y alguna que otra joyita para trocar y sentir que estamos estrenando algo, para dejar sin tener que llevarse nada si es que buscamos soltar para liberar espacio. De lo que queda y que nadie se llevó, se convierte en donativo.

Hace poco a modo de alegoría escribí un toot:

Fui a ver “Devil Wears Prada”. Y pues me imagino que yo le diría a la Miranda esa de Runway, que en México el hermano mayor le hereda una playera a su hermano de en medio, y éste a su hermano menor, quien sucesivamente se lo hereda a su primito. Entonces usa la playera hasta que alcanza el rango de pijama, y en unos años se hace trapo hasta que se desintegra en pedacitos y sirve para rellenar almohadas. Una sola playera ¡Toma eso Miranda!

¿Cuánto tiempo vive la ropa?

Probablemente si nuestra ropa fuera solamente de lino y algodón, de tejidos de pelo animal como lana de oveja, alpaca, conejo (trasquilado, no curtido); o de fibras vegetales como el henequén, el ixtle, la manta, el yute, amate y algunos otros; y de pieles de mamíferos y reptiles curtidas sin químicos. Podríamos asegurar que el tiempo de vida es el suficiente para acompañar a un ser humano toda su vida y heredar unas tres veces la misma prenda antes de haber completado su ciclo de vida. En total, unos 100 años con buena calidad.

Hay todavía en la actualidad, yacimientos antropológicos que, tras su hallazgo se registran restos de tejidos ancestrales, realizados a mano, con tecnología artesanal y textil, para que cada prenda durara suficiente tiempo. Prendas con significado, simbolismo, identidad, y que en varias ocasiones en la prenda se bordaba la historia de vida de su portadora. Las condiciones del suelo, la humedad y la presencia de ciertos minerales puede hacer que una prenda ancestral esté menos descompuesta o biodegradada, y aquí está la clave: Las prendas no se confeccionaban para su conservación o acumulación, se creaban para su función y se remendaban y restauraban para ser heredadas, hasta que cumplían su ciclo útil.

Tapetes, y textiles antiguos que eran tejidos para contar historias de un pueblo, o una familia, también com un intercambio cultural y regalos que hoy nos permiten tener un registro. Estas prendas ceremoniales fueron conservados de manera diferente de forma deliberada, para ser identificados como un legado de dicha cosmovisión y un fragmento de historia. Es decir, los pueblos ancestrales tenían claro cómo preservar las fibras, y decidían cómo trabajar sus materiales.

Al igual que una casa construida con barro, y techo de palma; de piedra y de minerales (algunas veces son montañas labradas), o de arena y elementos endémicos del territorio; las fibras y los tejidos originarios que se utilizaron para la vestimenta, son ahora ejemplo de que la durabilidad no es excusa cuando hablamos de portar y habitar (ambos contenedores) materiales que sean coherentes con la vida y su sana impermanencia. Con la seguridad de que todo se desintegrará en la tierra para recuperar su ciclo. No queremos casas que duren mil años, y requieran mil años de mantenimiento. Queremos casas y ropa que dure nuestro tiempo de vida y tengan un destino simple.

Considerando que actualmente nuestras prendas están confeccionadas con nylon, poliéster, y otros materiales sintéticos; podemos deducir, sin necesidad de tablas o datos duros, que el tiempo de desintegración es al menos ocho veces mayor. Estas prendas están más cerca del grupo de derivados del petróleo, que de las fibras naturales. Un ortodoxo me dirá que el material fósil también es natural y que por lo tanto todos los derivados del petróleo son igual de inocuos como aquellos provenientes de plantas y pieles animales. Cualquier lógica expuesta sobre qué sí es natural o no, y el número de procesos intermedios antes del resultado final, solo diré: La ropa con plástico tiene menos vida útil y tarda en biodegradarse más: lo peor de dos mundos. Además sin el benéfico factor para la salud (traspiración, termo adaptabilidad, fácil de lavar y secar), y la salud del suelo. -no vea ningún anexo y ninguna tabla con números que demuestren lo obvio- Si lo sentimos con el cuerpo, todo lo que usamos debería poder enterrarse sin generar daño a los suelos.

Fast Fashion, ropa de diseñador, la alta costura, y el desierto Atacama

Antes de divagar sobre el desierto, te pongo acá una nota de esta pesadilla: https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-60024852

Y te lo cuento no con datos, con mi sentir.

Realmente no comprendo el maldito culto a la belleza, entre cremas, maquillaje, productos cosméticos, ropa y accesorios que cada día le cuestan a la Planeta agua, suelo, biósfera. Pero especialmente, este que habla de las prendas de vestir y la falsa sensación de opulencia, elegancia y otras neurosis clasistas, elitistas, consumistas. Hay demasiada ropa ya fabricada como para seguir creyendo que nos podemos dar el lujo de estrenar. Usemos lo que ya existe. Heredemos, recliclemos, aprendamos a dar valor a lo que todavía sirve y funciona. Remendemos, reparemos, renovemos. Elijamos bien.

 
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La Ternura Como Acto Político y Revolucionario

Ser, quiero decirte (a la vez me lo digo a mi misma), que no tienes la culpa de todas las veces que fuiste educada y programada para la crueldad. Tampoco eres culpable, responsable por haber sido el cuerpo que recibió la violencia y que en ocasiones se sigue replicando mediante los discursos de la competitividad (no me cansaré de denunciar la hiper productividad como parte de los cánceres sociales), o mandatos del falso valor y el falso esfuerzo que, programa y reproduce seres desconectados emocionalmente. En las políticas de la ternura, se asume una postura subversiva a todas las formas que opriman nuestra interacción vincular humana con lo humano y no humano de manera orgánica y exploratoria. ¿Cuántas veces en el colegio nos quedamos contemplando un ave, un árbol, una ardilla, un insecto, el rostro de quien nos gustaba? ¿Y cuántas veces fuimos interrumpidos en esa dinámica sana e intima, por el profe con frases como: “Estás en la luna ponte a trabajar” (por decirlo de la forma menos humillante), seguido de las risas burlonas de la clase? El castigo de la exposición humillante para los “sensibles de la clase”, es un constante rechazo a la protesta interna de no ir con el sistema a hacer planas repetitivas de datos irrelevantes. Y que a la vez premia a quienes se vuelven indiferentes, disfrutan del sufrimiento ajeno, desarrollan insensibilidad. La autora Rita Segato nombra este ejercicio de ideas como la Contrapedagogía de la Crueldad. Por lo tanto, la sensibilidad es también una forma de resistencia cultural.

La ternura sabe que la contemplación es una medicina fácil y gratis de la corregulación, así como una forma vital de reconectarse con la vida y el momento presente sin la intención premeditada de hacerlo. Es interesante cómo las sociedades del consumo, pagan por clases de yoga y meditación en horarios establecidos, porque el resto del tiempo tienen horarios establecidos para producir “riqueza”, y sin embargo, no son capaces de entrar en un estado contemplativo de manera autoinducida y espontánea; les fue expropiado desde la infancia. Adultos que no juegan. Adultas que no ríen. Adultocentrismo zombificado con palabras como Alto Valor, Cotizar en la Bolsa, Patrimonio, y otra sarta de idioteces que no tienen nada que ver con estar vivos.

La Ternura como contingente político, es incómoda, disruptiva, confrontativa.

Recuerdo que uno de mis más íntimos vínculos después de más de 10 años trabajando en horarios de oficina, era incapaz de quedarse en cama un domingo después de las 6:00AM, lo sentía como una desobligación o un premio que debía ganarse después de hacer todos los pendientes del día. Así fuera lavar unos trastes o salir al mercado, el descanso y el vacío de actividades eran lo último en la lista de importancia, y lo primero a negociar en el reconocimiento de las necesidades. Hablo de que estaba profundamente desconectado de su universo emocional y sutil, nunca recordaba lo que soñaba al dormir y pocas veces podía reconocer sus propias necesidades, deseos y propósitos. Este nivel de programación eventualmente nos vacía por dentro, normaliza el agotamiento, individualiza el éxito y el fracaso desde la meritocracia, y remata con la culpa como método de manipulación para la formación de seres con complejo de insuficiencia y una deuda moral que se paga con más productividad.

La Teoría del Caracol Vacío

En ciertos espacios terapéuticos, donde se integra la recuperación del abuso narcisista, se usa una metáfora que hace alusión a un caracol vacío, como estado psicológico de “haber quedado vacía por dentro”, después de una relación prolongada de control, invalidación y desgaste emocional. Por fuera se mira al caracol con su estructura intacta, pero por dentro, el ser que habitaba el caracol ya no existe, ha perdido la identidad, el deseo, el principio del self. El trauma relacional prolongado va disociando progresivamente al individuo debido a la exposición al abuso, que en la mayoría de los casos, es sutil y lateral (no se reconoce que se vive abuso, ya que no es frontal ni explícito). El vacío se produce al adaptar constantemente la conducta relacional, hipervigilar emociones ajenas, suprimir necesidades propias, desconectarse de los deseos auténticos. Poco a poco vamos dejando a nuestro “yo verdadero” para después, y la relación comienza a organizarse en función al otro (el narcisista): buscar aprobación, evitar conflictos, anticipar reacciones, sobrevivir emocionalmente; subjetivamente, nos vaciamos. Quizás más adelante haga una entrada donde el núcleo sea la supervivencia narcisista contada desde mi historia con algunos tintes de psicología, pero por ahora, me quiero centrar en esta alegoría:

El sistema capitalista está construido sobre bases de trastornos narcisistas, y por lo tanto, todes quienes pertenecen a este sistema, tienen rasgos de trauma emocional de supervivencia narcisista. Tarde o temprano, llegan a un cierto vacío y la pérdida de sí mismes. El auto engaño puede ser tan drástico como creer que el espacio laboral no es una relación, que se hace lo que se tiene que hacer sin generar intercambio emocional, vínculos, o involucramiento de la identidad...., bueno, esto para mí ya es síntoma disociativo: Todos nuestros espacios de interacción son relaciones, todos.

Apropiación de la ternura en todos los espacios de relación

Normalizar la deshumanización es un paradigma cultural nuestra política establece: * Conmovernos ante el dolor, el cansancio, y las necesidades de cada ser, * Cuidar el bienestar propio y comunitario, * Escuchar las necesidades y deseos propios y otroras, * Ir más lento y hacer excepciones porque todos los contextos importan, * Hablar de sensaciones y sentimientos, * Integrar elementos vinculares que prodiguen el lenguaje de la ternura, * Ser productores de ternura como acto político.

continuará...

 
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La capacidad regenerativa de la creación después de la devastación relacional

He participado en relaciones y vínculos en los cuales durante su vigencia, el proceso de cierre o ruptura, o posterior a la ruptura durante la fase de duelo, recapitulo la dinámica del intercambio para reconocer, sin victimismo, que fui expropiada.

Del Adiestramiento de los Vínculos

¿En qué momento se volvió una dinámica de poder? ¿En qué momento cedí a las necesidades del otre por encima de mi bienestar? La idea de que en las relaciones sexoafectivas, incluídas aquellas de carácter sáfico u homoeróticas, persista una dependencia hacia la binariedad (une representante de la “energía femenina” y une de la “energía masculina”), dogmáticamente nos lleva a replicar intercambios construidos sobre los adoctrinamientos de género: opresión y sumisión, actividad y receptividad, extroversión e introversión, nutrición y provisión, fortaleza y suavidad, fluidez y resistencia, etc. Heredamos conceptos heteronormativos y en algún punto nos permitimos virar el fractal hacia todo lo otro que no es lo conocido, para sensorializar nuevas maneras, que al ser desconocidas, pueden provocar miedo o resultar intimidantes (y lo prefiero), de lo contrario me hace sentir que en cualquier relación de la que participe, replicaremos estos paradigmas caducos, y que los matices o los espacios interseccionales no existen (leeme más adelante sobre las relaciones salvajes), ergo, ¿Nuestros vínculos diversos son meramente una carcasa con nuevos accesorios para pretender que podemos hacer las cosas diferente?¿Podemos hacer las cosas diferente? ¿El pez sabe lo que es el agua porque vive en el agua, o no sabe lo que es porque nunca ha estado fuera de ella?

Del Uso del Suelo como Propiedad

Si la energía femenina es el cuerpo de la madre sustentadora, la Tierra sobre la cual se hace perenne la supuesta fertilidad de la vida y la creación, con la también supuesta abundancia incondicional del arquetipo de la madre nutridora: inmensa y dadora; que es también el cuerpo de la mujer, o de aquello señalado como femenino, entonces se requiere de une otre que, desde la impuesta energía masculina (o lo concebido como el constructo de género en lo masculino), siembre y trabaje la tierra para su posesión y apropiación de sus frutos. Sin embargo desde el punto de vista fisiológico, desde lo cíclico, tanto la Planeta Tierra, como las mujeres tenemos periodos cortos de fertilidad, casi 5 días al mes dentro de un ciclo hormonal en las personas menstruantes (y la Tierra no es a excepción). Se sabe que después de un periodo de cultivo hay que dejar descansar el suelo. Pero en la fisiología masculina (si es productora de semen vivo y sano), los espermatozoides pueden tener una disponibilidad de concepción cada 72 horas. Lo que es interesante cuando analizamos las dimensiones de las alegorías.

En la practica de la permacultura, el suelo más que nutrirlo o abonarlo, el periodo de reposo sin intervención de dicha tierra es la base del sustento futuro en el largo plazo, las plantas con las que convive el suelo y por lo tanto, la relevancia de investigar la tierra y preguntarle realmente lo que necesita, no únicamente para la producción local del agricultor u horticultor, sino también desde una consciencia más amplia, porque esa milpa, predio, o extensión de tierra local, sustenta desde el subsuelo otras extensiones imperceptibles a la distancia. Toda tierra en su forma de sustrato, carne, células, es regenerativa cuando se respetan y honran los tiempos de descanso, barbecho, veda, muerte.

No tengo dudas en que sanar el vínculo con la tierra nos produciría mejores relaciones, intercambios y respeto a nuestros cuerpos con sus ciclos y ritmos propios. Es antinatural ser cuerpos permanentemente dispuestos y replicar las lógicas extractivistas que agotan nuestra vida.

Política del Cuerpo

El cuerpo, como cuerpo de agua, extensión de tierra, milpa, parcela, chinampa: pero no como espacio salvaje indómito. Hemos sido domesticados mientras se lo hacíamos al alimento y los animales. El discurso de la soberanía acerca de la propiedad de los cuerpos, y del descanso como acto radical hacia la protesta de la productividad sin pausa, me parece incompleta si no vemos dónde/cuándo nos fracturamos inicialmente. Y es que siendo honesta, los humanos de esta era, nos movemos en espacios confinados a las distancias cortas: contenedores limitados geográficamente que persisten por imposición y violencias de los estados y sus gobernantes. Sin garantías sobre los derechos humanos a la migración, la especie se ha reducido a sí misma a idiomas y banderas (las redes sociales n son sustituto de relaciones vinculares), sin comprender que el acto de diversificación es necesaria para los marcadores del suelo y los ciclos. No parece estar conectado, pero lo está más allá de lo comprensible. Las ballenas, los elefantes y otros mamíferos grandes lo demuestran.

El estado que controla las políticas para el nacimiento, para la vida y para la muerte, juega con las constituciones sobre las naciones que fueron forzadas a ser parte de los estados sin derecho a la automía (incluidos los pueblos originarios y las dinámicas relacionales). Por eso desde la esclavitud, el feudo, el capitalismo y el estado, no hay diferencia mientras nuestra falsa sensación de bienestar esté labrada sobre la superviviencia y no, sobre la autonomía sustentable, sostenible y cooperativa; que justo es, el estado salvaje de la humanidad mamífera.

La política del cuerpo va de lo micro a lo macro, de lo “individual” a lo colectivo, y como cuerpos humanos, la producción del bienestar debería ir en función a la coherencia de las necesidades del espacio y el territorio. Evitando la sobre producción, o bien con intercambio y conservación local, o con frugalidad doméstica. El cuido del cuerpo, se ha vuelto (desde la domesticación del estado, y el capitalismo), una narrativa del wellness con palabras como skincare, dietscience, neurofood, y aquello que va dirigido a la juventud: “el anti envejecimiento”. Decir que el capitalismo y el consumismo nos quiere jóvenes para tener obreros funcionales por más tiempo; o que está cultivando seres humanos envenenados de comida procesada y vacunas para amaestrar el ADN y con ello desactivar los marcadores de lo salvaje en nuestra epigenética, y por lo tanto adormecer nuestra respuesta a la defensión del territorio propio y colectivo; o que el patriarcado desea mujeres que no envejezcan por la cultura del porno y la pedofilia, pero también porque las mujeres desde ese fractal no tenemos derecho a ser biológicas por una patologización multifactorial acerca de la caducidad del valor; pero también sobre las leyes que desigualan los principios del derecho y los vacíos legales...; y un largo etcétera que nos demuestra que esto llamado autocuidado moderno, no es bienestar. Por la razón que sea: esto no es bienestar.

En cuanto a la política del cuerpo hacia lo relacional-psíquico, observo que el estado de amor más real que se le puede conferir a una otredad es la del acercamiento a su SER como territorio libre y construir lugares comunes sin intervenir en la idea de que juntos somos un solo espacio donde ocurre el intercambio. Aunque sí, podemos construir contenedores. Una misma persona que quiero, me ha pedido matrimonio tres veces, y las tres veces lo he ¿”rechazado”? No es rechazo, es ¡resistencia! así le digo que le amo. Me habla de “hacks capitalistas”, como acceso a un seguro de gastos médicos, como acceso a un crédito bancario más oneroso, como la posible pensión para un futuro hipotético en que muere y yo recibo ayuda. Pero es que, no son formas, no deseo crear un marco legal ni una micro sociedad feudal con alguien a quien le deseo libertad. Prefiero que se recuerde a si misme que no tiene que salvar a nadie de nada, y que puede elegir para su vida un propósito aún más puro de acuerdo a su libre albedrío. No deseo ser ese escudo humano, la razón por la cual no pueda emanciparse de un horario, un jefe, una estructura reestrictiva, una vida insatisfecha y ser esa persona por quien “hace las cosas”. No.

Pero también reconocerme a mi misma como un espacio que ha sido campo de devastación y aprovechamiento (de mis recursos intelectuales, creativos, amatorios, sexuales), he sido el conveniente capital de valor para organizaciones y personas que me propusieron negocios juntes sin que yo viera después un beneficio simétrico, he sido presionada para la producción. Recuerdo que un vínculo anterior (quien por cierto era de ultra derecha) me dijo alguna vez: “Tú dijiste que ibas a ser exitosa en tu empresa y mira: yo soy el único que puede con los gastos, ya busca trabajo aunque sea limpiando”. En ese entonces coordinaba una ONG que educaba, reunía voluntarios y conectaba fondos para perros en situación de calle, en distintos albergues y refugios. Pero no producía riqueza. Vivía de donativos, y eso no se le hace al capitalismo.

He sido trasgredida, literalmente violentada y expuesta a situaciones de suma vulnerabilidad porque esta tierra que soy no admitió la monogamia (el monocultivo). En esta alegoría, fui el cuerpo que dejó de producir el anhelado recurso carnoso monocultivado y comenzó a crecer en mí una preciosa mala hierba que me infestó de pensamientos feministas de liberación; a pesar de lo erosionado de mi suelo, a pesar de la extracción de mis aguas, a pesar de las violaciones sobre las cuales se construyeron las amenazas; a pesar del deseo de apropiación del otre sobre mí. Fui esa persona con ventajas sociales, emocionales y espirituales, convenientes por mi incapacidad de marcar límites y fronteras, de ser perenne de filosofía y trabajo intelectual: de sentimientos. Como las perras que usan para producir granjas de cachorros hasta que son desechadas porque el cuerpo se infesta de miomas y desgarres vaginales. Así: usada y desechada. Ultradomesticada. Ultracomplaciente. Ultrajada.

Fui una animala salvaje bien amaestrada en espacios reducidos y luego enseñada a hacer trucos para el entretenimiento. Puesta detrás de un cristal en un hábitat artificial inculcada a creer que ese modo de vida es bienestar y un privilegio, pero luego medicada porque presenté síntomas de depresión y baja líbido. Y claro, si la animala no quiere cojer, ¡pues ahí hay algo que corregir y remediar! Fui diagnosticada con Síndrome Disfórico Premenstrual, Transtorno de Ansiedad con Depresión, Ideación Suicida, Represión Materna, y toda clase de patologización acerca de la furia de esa animala en cautiverio. Ella, un día se puso en contra de su domador, le desgarró el rostro y luego huyó. Claro que hubo castigos, claro que la sacrificaron. Pero sobre las tierras y los cadáveres se forman jardines y hay regeneración.

Sí, me han parasitado, suplantado, allanado, okupado. Los cuerpos sin políticas propias viven eso. El asunto no es la política. El asunto es el Estado.

Mi política actual no hace contratos de ningún tipo, busca acuerdos claros y espacios comunes, pero ya no vacíos intermedios dados por el deseo de una otredad que promete protección y seguridad. No más. No soy una tierra que otros puedan habitar, cultivar, usar para construir, ni una fuente de conocimiento a extraer.

De los vínculos salvajes y la ética del cuidado mutuo

¿Qué tipo de animales somos? Somos el mamífero con más deficiencias en todos los aspectos, comparado con cualquier otro ser vivo de cualquier reino. Tan solo reconocer que creamos la triada: esclavitud- feudalismo- capitalismo en el vértice uno, estado en el vértice dos, e iglesia en el vértice 3; nos hará revelar el “misterio” sobre el cual la triangulación ha oprimido la libertad relacional de los humanos por milenios. Pero no solo de nuestras elecciones erótico afectivas, sino también de nuestra relación con la Tierra, los ciclos, la cuenta del tiempo, el culto a la naturaleza, la soberanía alimentaria, nuestra intimidad sagrada como espacio de la cartografía corporal, el nacimiento, la vida y la muerte, entre muchos otros. La revolución afectiva, y las dinámicas relacionales, también son una respuesta ante dichas opresiones.

Mi postura es permitirle a la otredad (de cualquier naturaleza) su libertad también, y si algo se despierta dentro que comprima o reprima al otre, me detengo para sentirlo, ordenarlo y ser concisa sobre mis lenguajes de amor que, si no pueden ser correspondidos entonces tampoco se liberen reaccionariamente o con consecuencias ni castigos. Creo que soy torpe socialmente cuando se trata de rendirme al amor romántico, pero puedo ser más suave cuando estoy amando a mis amigas sin esfuerzo, cuidando del bienestar simple de mi hija, recibiendo el paisaje en mi cuerpo, o dando espacio a un vinculo erótico afectivo hasta que es respetuosa una nueva distancia. Los vínculos adiestrados en la binariedad patriarcal, ante la desconexión con la Tierra, sin políticas éticas del respeto a los cuerpos, son un fracaso seguro.

Los jardines devastados también pueden regenerarse después de un espacio de descanso. Es complicado... porque las dinámicas relacionales normativas exigen una presencia constante como herencia a la productividad, sin embargo, los seres sintientes estamos vivos. Yo requiero descanso y esto no es sinónimo de carencia de afecto, es regulación y respeto a mis ritmos personales. La regeneración de los jardines, las tierras, los ciclos sentipienso, que son indispensables para honrar todos los lenguajes de amor que están dentro de dichos contenedores. Transmitir ese poder regenerativo es también un lenguaje del micelio. El amor es comunitario, o no será; las relaciones serán libres o no serán, el intercambio sera recíproco o no será.

 
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Una guía renovable, mutante, para relaciones sintientes e improductivas

  1. Abrirse a todas las fuentes de amor como acto de animalidad. Los animales y las animalas humanos, queremos amar y ser espacio de relación, intercambio en la acción y la no acción, recordar que puedo ser vaso receptora del amor que me envía un paisaje, una montaña, una gata; como también el amor que envío al cuidar de otres.
  2. No tengo que hacer nada para ser amada. No tienes que hacer nada para ser amado. No tienes que hacer nada para ser amade.
  3. El amor relacional es inmaterial e inútil. Porque las relaciones no son utilitarias ni productivas, no son/somos objetos posesivos, ni sujetos del acto, somos el espacio y el contenedor de la experiencia.
  4. Las relaciones no capitalizan recursos ni son medios para llegar a algún fin. Las relaciones son espacios mutantes de lenguajes soberanos y sutiles, donde la verdad propia no puede ser más relevante que la verdad otrora.
  5. La relación y el vínculo son espacios naturales de proporciones diversas y en cada uno de estos espacios permitimos que la expresión de nuestra naturaleza tome su cauce.
  6. Buscamos la simetría y el bienestar común.
  7. Amamos en biodiversidad porque el amor al ser inmaterial, no está sujeta a la binariedad, las formas, los monocultivos (monogamía), la heteronormatividad, la belleza hegemónica.
  8. Sobre la biodiversidad también: somos una mezcla de improbables resultados genéticos hechos de los mismos componentes. El bosque se sustenta de las diversas formas de vida bajas, medianas y altas; macro y micro, diferentes especies, y distintas antigüedades.
  9. Sino de bosques pero también desiertos, humedales, tundras y manglares, lo macro de lo macro: La biodiversidad en términos humanos incluye reconocer que la inmaterialidad del amor, no es en inicio erótico sexual, que el afecto físico es una posibilidad de toque ético consensuado consciente, mirada y presencia en cualquier momento.
  10. Recordar que la interpretación de la pareja en términos feudales, es una forma de esclavitud donde la pareja produce hijos obreros, y la familia sustenta la riqueza de las clases privilegiadas.
  11. Por lo que las relaciones no coloniales, y no capitalistas, sostienen la relación por el intercambio colaborativo de la experiencia en la relación como eje de la comunidad en función del disfrute, el deseo, la preservación del territorio en estado salvaje.
  12. Comprender que la sexualidad erótica es una responsabilidad deliberada e integrativa del afecto emocional, el placer intelectual, y el goce sensorial. Un beso, o una charla deseosa también son erotismo. Pero también puede ser que no. Pero siempre sí responsabilidad, cuidado multi mutuo.
  13. El coito genital, y la genitalidad puede ser irrelevante si leemos el punto 9.
  14. Amar con intercambios sexo afectivos, o erótico afectivos en el paseo de la nobinariedad; o reconocerse en un espectro; ante cierto espectro, es una posibilidad para admitir que se puede efectuar el derecho al placer desde multiples avatares.
  15. El romance o el ejercicio romántico, birromántico y arromántico, en la libertad relacional es un lenguaje propio.
  16. Libremente elegimos que este amor no esté centrado en una persona, y eso incluye a una misma. Ergo, descentralizamos toda la responsabilidad afectiva unilateral para mirarnos en responsabilidad afectiva colectiva.
  17. Colectivamente ponemos la mirada en algo más grande que nuestros intercambios humanos: la comunidad no humana, el territorio, la defensa del alimento y las semillas, la defensa de las aguas, del idioma originario, etc.
  18. Admitiendo que el antropocentrismo y el adultocentrismo, son apaciguadores de la curiosidad, así que nos la reapropiamos. La curiosidad sabia es la llave.
  19. Permitimos el descanso de la vincularidad que no es sinónimo de distanciamiento afectivo, sino regulación de nuestras necesidades individuales, como principio de respeto a los ciclos de reposo propios y colectivos.

ultima edición 20/05/2026 10:02 am

 
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La primera mujer existencialista no sabía que estaba desarrollando un pensamiento que muchos milenios adelante se clasificaría como una corriente filosófica. Era paleolítica y le importaba un carajo la “supervivencia”.

Érase de una mujer nómada, que se separó de la tribu sin interés por reproducir vida. La preservación de la especie es un mito construido sobre la creencia que el deseo materno es un impulso que se despierta en forma de instinto a edades tempranas en la psique femenina. Mientras que en los cuerpos masculinos, la pulsión sexual es una especie de voracidad justificada por la continuidad de la vida sobre una gran área gris de un Eros. Nuestra mujer cuestionó esto: el sentido de la reproducción, y comprendió que el deseo sexual femenino no es activado por una otredad corpórea, sino desde la identificación del propio cuerpo, en otras palabras, el erotismo en el cuerpo de la mujer de todos los tiempos inicia como una apropiación territorial del placer autogestivo, y sin interés por otros placeres o por un movimiento interno de lo materno mamífero, la individuación colectiva es perfectamente sostenible.

La preservación de la especie en el cerebro primitivo, suena a una facultad que domina el resto de los deseos y pensamientos; una buena justificación paradigmática en tiempos de oxcitocina, pero que en tiempos de sequía, escasez, frío, hambre; la noradrenalina dicta el destino de la línea. No elegir la continuidad de la vida no es sinónimo de elegir la muerte, sino un mérito colectivo sin sacrificio. Para la naturaleza humana: la especie más destructiva, la más bélica; el argumento de la preservación es una contradicción. Ella lo sabía.

No tenía interés en levantar chozas, ni investigar la función de las cosas. Los ingenieros e ingenieras que también eran artesanos; las mujeres y hombres medicina que también eran curanderos, parteras, muerteras y en muchas ocasiones sacerdotisas; los maestros y preservadores del conocimiento; los y las observadoras de las estrellas, sabían mucho de muchas cosas. Pero ella, que sabía de todo un poco o al menos lo suficiente para mantenerse en un estado óptimo, eligió renunciar a un lugar en la tribu para justificar el mérito de su vida. Ni ser cazadora, ni recolectora, ni madre, ni nodriza, ni poner algún cierto talento al servicio. Para ella, menos es más, menos bocas que alimentar, menos cuerpos que cubrir, menos oídos que resguarden las enseñanzas, menos miembros es más.

El existencialismo de nuestra mujer paleolítica, tiene el fundamento clave de no dejar rastro alguno, permanecer en el anonimato, evitar todo vestigio de sus creaciones, tanto en obras creativas, refugio y sustento. Probablemente elige colocarse al final de la cadena alimenticia y va por los restos que dejan los carroñeros. Probablemente come las frutas podridas que ya se está comiendo el suelo después de los animales, los gusanos, los hongos. Y si no, caza y come mientras camina descalza, crea refugios provisionales sin dejar rastro o huellas de su estancia. Caminó al desierto, o la selva, o la pradera (eso no importa), le dijeron que sería peligroso ir sola, tampoco le importó. Anduvo explorando la vida, los territorios íntimos y escondidos, los paisajes desde otros fractales, haciéndose preguntas, <>, de temas que no tienen respuesta porque lo hace sin algún propósito concreto.

Tiene rumbo y dirección, claro que sí, no camina en círculos, pero es guiada por el deseo, la intuición y la curiosidad genuina de relacionarse con el entorno como lo hicieron sus ancestras. No se busca a sí misma, como si tener una razón de ser fuera relevante, como si una mujer más, hiciera una diferencia, mientras que ser una mujer menos, sí lo hace. Va más allá de donde su tribu ha relatado por elegir la comodidad y la supervivencia, ella no teme la muerte y no se esfuerza por sobrevivir, se permite ser vulnerable y ser acechada, sabe que hay cosas más relevantes que la “seguridad”. Para los otros, ella camina directo a la muerte. Para ella, todos caminan directo a la muerte y sin embargo, ella elije cómo caminar ergo no la manipula el miedo a la soledad, la enfermedad o el sufrimiento.

No posee nada. Ni siquiera un proyecto en mente sobre ideas de diferenciación, descubrimientos, desafío, logro, nada. El fuego que arde dentro de ella es un humo sagrado que la inspira para hoy no elegir nada, solo sucumbir a la instrucción de la naturaleza y la disponibilidad de lo existente. Ella muere, no es una asceta, no lo hace por la iluminación espiritual, no tiene aspiraciones de ningún tipo. Vive lo que tenga que vivir, y muere cuando sea y como toque morir.

La primera mujer existencialista se tomó a sí misma en la totalidad más pura posible para existir en la desnudez y experimentar la vida en estado salvaje. Ella, no dejó huella, ni rastro, ni evidencia de sus hazañas o aprendizajes; la libertad de su anonimato se mantiene a salvo dentro mío con las memorias que viven en las células.

 
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from categulario

Es de mi agrado presentarles a ustedis este pequeño experimento. ¿Quieres escribir un blog y no ponerte a pensar en las complicaciones de montarlo o pagar una renta por tenerlo? Aquí tienes tu casa...

 
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