OME


Dos. 2. Ome, en Náhuatl. Representa dos unidades y se signa con dos dedos que representan la dualidad, el opuesto complementario.

El Continente de la Elefanta siempre ha sido un refugio amoroso para la soledad y los solitarios, este continente se habita solo pero no vacío. O tal vez al revés, vacío en Ometeotl y lleno de solitarios.

Mientras la pequeña elefantita de esta continenta está creciendo, se le van asomando los pequeños colmillos que nos ayudarán a la defensión y el desapego materno. La mamá elefanta por su parte, practica la libertad de sentir con más expansión pues sus intensas emociones ya no pueden lastimar a su cría. Los compañeres románticos van y vienen, como siempre ha sido, hasta que dejan de ser románticos y sólo son compañeres, eso es liberador. Las formas de capital monetario y no monetario fluctúan, a veces hay eso que en las tierras foráneas llaman dinero, otras veces solo hay valor. Las 13 guardianas de la continenta, las que llegaron con el nacimiento de la tierra emergente, y las que se unieron a posteriori, siguen en el centro del espacio vital, y otras en veces, a la periferia como guardianas de un círculo mágico que la Elefanta convocó hace algunos miles de años; como los 13 clanes madre iniciadoras de una era. Eso son ellas.

Ha habido una cierta estabilidad en la continenta últimamente, una especie de esperanza controlada, una especie de abundancia serena. Sin embargo, desde las entrañas de la Elefanta, se vive una trémula anticipación al movimiento, sueños de búfalos corriendo, irrumpiendo en las casas y buscando personas. Osos que se transforman en personas, personas que se transforman en demonios. Viene también la escritura como un vaivén suave de la mar que rodea el continente, trae con su marea temprana restos de recuerdos en fragmentos amorfos, sensaciones, intuiciones: “va a temblar”; quizá desde el interior de la tierra, quizá desde arriba como el rayo que abre “La Torre” y caen viejas estructuras. Quizá una nueva desestructura. Cambios y caos que muta. Es el dos, es el Ome, que viene con su sonido de atecocolli y canto barrito de elefantes. Convoca los testigos, a los sintientes.

Ya casi, se siente más cerca. Es inminente.