El Continente de la Elefanta

Cuentos y poemas de un lugar con buena memoria


Una guía renovable, mutante, para relaciones sintientes e improductivas

  1. Abrirse a todas las fuentes de amor como acto de animalidad. Los animales y las animalas humanos, queremos amar y ser espacio de relación, intercambio en la acción y la no acción, recordar que puedo ser vaso receptora del amor que me envía un paisaje, una montaña, una gata; como también el amor que envío al cuidar de otres.
  2. No tengo que hacer nada para ser amada. No tienes que hacer nada para ser amado. No tienes que hacer nada para ser amade.
  3. El amor relacional es inmaterial e inútil. Porque las relaciones no son utilitarias ni productivas, no son/somos objetos posesivos, ni sujetos del acto, somos el espacio y el contenedor de la experiencia.
  4. Las relaciones no capitalizan recursos ni son medios para llegar a algún fin. Las relaciones son espacios mutantes de lenguajes soberanos y sutiles, donde la verdad propia no puede ser más relevante que la verdad otrora.
  5. La relación y el vínculo son espacios naturales de proporciones diversas y en cada uno de estos espacios permitimos que la expresión de nuestra naturaleza tome su cauce.
  6. Buscamos la simetría y el bienestar común.
  7. Amamos en biodiversidad porque el amor al ser inmaterial, no está sujeta a la binariedad, las formas, los monocultivos (monogamía), la heteronormatividad, la belleza hegemónica.
  8. Sobre la biodiversidad también: somos una mezcla de improbables resultados genéticos hechos de los mismos componentes. El bosque se sustenta de las diversas formas de vida bajas, medianas y altas; macro y micro, diferentes especies, y distintas antigüedades.
  9. Sino de bosques pero también desiertos, humedales, tundras y manglares, lo macro de lo macro: La biodiversidad en términos humanos incluye reconocer que la inmaterialidad del amor, no es en inicio erótico sexual, que el afecto físico es una posibilidad de toque ético consensuado consciente, mirada y presencia en cualquier momento.
  10. Recordar que la interpretación de la pareja en términos feudales, es una forma de esclavitud donde la pareja produce hijos obreros, y la familia sustenta la riqueza de las clases privilegiadas.
  11. Por lo que las relaciones no coloniales, y no capitalistas, sostienen la relación por el intercambio colaborativo de la experiencia en la relación como eje de la comunidad en función del disfrute, el deseo, la preservación del territorio en estado salvaje.
  12. Comprender que la sexualidad erótica es una responsabilidad deliberada e integrativa del afecto emocional, el placer intelectual, y el goce sensorial. Un beso, o una charla deseosa también son erotismo. Pero también puede ser que no. Pero siempre sí responsabilidad, cuidado multi mutuo.
  13. El coito genital, y la genitalidad puede ser irrelevante si leemos el punto 9.
  14. Amar con intercambios sexo afectivos, o erótico afectivos en el paseo de la nobinariedad; o reconocerse en un espectro; ante cierto espectro, es una posibilidad para admitir que se puede efectuar el derecho al placer desde multiples avatares.
  15. El romance o el ejercicio romántico, birromántico y arromántico, en la libertad relacional es un lenguaje propio.
  16. Libremente elegimos que este amor no esté centrado en una persona, y eso incluye a una misma. Ergo, descentralizamos toda la responsabilidad afectiva unilateral para mirarnos en responsabilidad afectiva colectiva.
  17. Colectivamente ponemos la mirada en algo más grande que nuestros intercambios humanos: la comunidad no humana, el territorio, la defensa del alimento y las semillas, la defensa de las aguas, del idioma originario, etc.
  18. Admitiendo que el antropocentrismo y el adultocentrismo, son apaciguadores de la curiosidad, así que nos la reapropiamos. La curiosidad sabia es la llave.

ultima edición 06/05/2026 11:17 am


La primera mujer existencialista no sabía que estaba desarrollando un pensamiento que muchos milenios adelante se clasificaría como una corriente filosófica. Era paleolítica y le importaba un carajo la “supervivencia”.

Érase de una mujer nómada, que se separó de la tribu sin interés por reproducir vida. La preservación de la especie es un mito construido sobre la creencia que el deseo materno es un impulso que se despierta en forma de instinto a edades tempranas en la psique femenina. Mientras que en los cuerpos masculinos, la pulsión sexual es una especie de voracidad justificada por la continuidad de la vida sobre una gran área gris de un Eros. Nuestra mujer cuestionó esto: el sentido de la reproducción, y comprendió que el deseo sexual femenino no es activado por una otredad corpórea, sino desde la identificación del propio cuerpo, en otras palabras, el erotismo en el cuerpo de la mujer de todos los tiempos inicia como una apropiación territorial del placer autogestivo, y sin interés por otros placeres o por un movimiento interno de lo materno mamífero, la individuación colectiva es perfectamente sostenible.

La preservación de la especie en el cerebro primitivo, suena a una facultad que domina el resto de los deseos y pensamientos; una buena justificación paradigmática en tiempos de oxcitocina, pero que en tiempos de sequía, escasez, frío, hambre; la noradrenalina dicta el destino de la línea. No elegir la continuidad de la vida no es sinónimo de elegir la muerte, sino un mérito colectivo sin sacrificio. Para la naturaleza humana: la especie más destructiva, la más bélica; el argumento de la preservación es una contradicción. Ella lo sabía.

No tenía interés en levantar chozas, ni investigar la función de las cosas. Los ingenieros e ingenieras que también eran artesanos; las mujeres y hombres medicina que también eran curanderos, parteras, muerteras y en muchas ocasiones sacerdotisas; los maestros y preservadores del conocimiento; los y las observadoras de las estrellas, sabían mucho de muchas cosas. Pero ella, que sabía de todo un poco o al menos lo suficiente para mantenerse en un estado óptimo, eligió renunciar a un lugar en la tribu para justificar el mérito de su vida. Ni ser cazadora, ni recolectora, ni madre, ni nodriza, ni poner algún cierto talento al servicio. Para ella, menos es más, menos bocas que alimentar, menos cuerpos que cubrir, menos oídos que resguarden las enseñanzas, menos miembros es más.

El existencialismo de nuestra mujer paleolítica, tiene el fundamento clave de no dejar rastro alguno, permanecer en el anonimato, evitar todo vestigio de sus creaciones, tanto en obras creativas, refugio y sustento. Probablemente elige colocarse al final de la cadena alimenticia y va por los restos que dejan los carroñeros. Probablemente come las frutas podridas que ya se está comiendo el suelo después de los animales, los gusanos, los hongos. Y si no, caza y come mientras camina descalza, crea refugios provisionales sin dejar rastro o huellas de su estancia. Caminó al desierto, o la selva, o la pradera (eso no importa), le dijeron que sería peligroso ir sola, tampoco le importó. Anduvo explorando la vida, los territorios íntimos y escondidos, los paisajes desde otros fractales, haciéndose preguntas, <>, de temas que no tienen respuesta porque lo hace sin algún propósito concreto.

Tiene rumbo y dirección, claro que sí, no camina en círculos, pero es guiada por el deseo, la intuición y la curiosidad genuina de relacionarse con el entorno como lo hicieron sus ancestras. No se busca a sí misma, como si tener una razón de ser fuera relevante, como si una mujer más, hiciera una diferencia, mientras que ser una mujer menos, sí lo hace. Va más allá de donde su tribu ha relatado por elegir la comodidad y la supervivencia, ella no teme la muerte y no se esfuerza por sobrevivir, se permite ser vulnerable y ser acechada, sabe que hay cosas más relevantes que la “seguridad”. Para los otros, ella camina directo a la muerte. Para ella, todos caminan directo a la muerte y sin embargo, ella elije cómo caminar ergo no la manipula el miedo a la soledad, la enfermedad o el sufrimiento.

No posee nada. Ni siquiera un proyecto en mente sobre ideas de diferenciación, descubrimientos, desafío, logro, nada. El fuego que arde dentro de ella es un humo sagrado que la inspira para hoy no elegir nada, solo sucumbir a la instrucción de la naturaleza y la disponibilidad de lo existente. Ella muere, no es una asceta, no lo hace por la iluminación espiritual, no tiene aspiraciones de ningún tipo. Vive lo que tenga que vivir, y muere cuando sea y como toque morir.

La primera mujer existencialista se tomó a sí misma en la totalidad más pura posible para existir en la desnudez y experimentar la vida en estado salvaje. Ella, no dejó huella, ni rastro, ni evidencia de sus hazañas o aprendizajes; la libertad de su anonimato se mantiene a salvo dentro mío con las memorias que viven en las células.


Una vía para criar adolescentes rebeldes y enojados con el sistema

Una de mis más grandes preocupaciones al momento de criar, es la de formar un pensamiento de obediencia en mi hija. Soy la adulta a cargo y asumo la responsabilidad inherente a mi ejercicio materno, pero también soy el espacio que sostiene la protección y la seguridad vital. Cuando ella era bebé, la facilidad de ese constructo era directa y fisiológica: yo le daba teta, la mantenía limpia y fresca, vigilaba su integridad. Ahora, en esta nueva etapa, en el espacio liminal entre la infancia y la adolescencia, los cuidados básicos persisten: la alimento, me aseguro que se mantenga lo más higiénica posible, y vigilo su integridad, pero también, la educo para la autosuficiencia, el autocuido y la intuición como vía de integración.

Este post es mutante, no tiene inicio y fin, es una entrada que sufrirá cambios y alteraciones, especialmente en la lista a continuación, donde decanto mi manifiesto de crianza para educar hijos con pensamiento propio, rebeldes y enojados con el sistema.

  1. La obediencia no le sirve a nadie, la obediencia es reflejo de control y abuso de poder, pedir a los hijos obediencia es el uso autoridad adulta por encima de las necesidades y deseos reales de un niño, criar hijos obedientes es formar ciudadanos permisivos, parejas sumisas, humanos sin voz interna, sin brújula interna, cómodos con “el deber ser”.

  2. Los espacios de relación familiar, son espacios comunitarios donde se comunican claramente las necesidades de cada miembro, y se generan acuerdos colaborativos coherentes con la edad y las capacidades de sus integrantes. Los hijos son parte de la comunidad, aceptan mediante el principio de colaboración, asumir sus responsabilidades, y tomar decisiones basadas en un bienestar común sin sacrificar su autocuidado.

  3. Criar en el pensamiento comunitario requiere acción y ejemplo: “esta fruta es para todos, es de todos, sin importar quién la haya comprado”, “esta casa es de todos, y todos nos involucramos en mantenerla cómoda”, “este miembro necesita descanso, todos podemos cuidar su silencio”, “hoy necesitas apoyo, todos podemos colaborar con tu bienestar”.

  4. Pregunta antes de ayudar. La no intervención, es uno de los principios esenciales para el respeto de los procesos individuales. No interrumpas el dolor de nadie, no interrumpas la felicidad de nadie, no interrumpas la dificultad de nadie, no interrumpas el proceso de aprendizaje de nadie. Si ves a un niño poniéndose los zapatos al revés, permítele terminar su camino de darse cuenta de que van al revés y cuando esté listo de hacerlo diferente, enséñale cómo. No decimos: “lo estás haciendo mal”, decimos: “si requieres ayuda aquí estoy para apoyarte”. Aplica para todo.

  5. Las escuelas replican modelos de opresión, autoridad y obediencia. Los niños deben pedir permiso para ir al baño. Yo le digo a mi hija “No necesitas el permiso de nadie para decidir sobre tu cuerpo”. Le preocupa las consecuencias. Le respondo “La autoridad del maestro, y mi autoridad como madre, no tiene ninguna relevancia, porque la única autoridad legítima son tú y tu cuerpo”. No pidas permiso para lo que tu cuerpo sabe, necesita y comunica.

Ce Uno. 1. Ce, en Náhuatl, porque se inicia con un dedo indicando que hay una unidad pero no el todo, el comienzo de la cuenta, pero no su límite total.

El Continente de la Elefanta nació hace casi 12 años con la llegada de mi hija, un evento que puso frente a mí lo que antes era perceptible pero invisible. Soy elefanta y me he nombrado así cuando me descubrí madre. Madre loba, osa y leona. Madre de crianza feral. A veces sí y a veces no, todo el continente.

Para mi hija el contacto visual es muy importante, a mí no me gusta ser vista: aprendí a manejarlo, por amor. A mí me duele el toque físico, pero para mi hija el contacto, el toque, la kinesia es muy importante: aprendí a elevar mi radio de tolerancia y a controlar la hiper estimulación por ella, porque por primera vez en mi vida, con su nacimiento, no sentí que me desbordaba si recibía contacto físico. Tengo el oído sensible: mi hija no deja de hablar, pero su tono de voz es importante, puedo identificar micro emociones que estan ahí en el fondo o por surgir.

Las elefantas somos como un continente donde caben todos nuestros hijos para que coman, jueguen y canten, no somos seres de ocasión sino el territorio donde se dejan las huellas que luego se llevan a su memoria imborrable. Aún si las madres somos “neurodivergentes” (PAS, TDAH, TEA), o “neurotipicas” que eligieron salir de la normativa. La maternidad siempre va a sensibilizar el sistema nervioso y siempre, siempre va a transformar el cerebro materno. Todas las madres nos volvemos neurodivergentes. La maternidad duele si le pedimos a las cuerpas que sean las de antes, pero ese cuerpo anterior ha cambiado para siempre. El cuerpo no como vaso, el cuerpo como continente.

La salud mental materna puede verse vulnerada porque a veces, no solo se atraviesan los cambios fisiológicos del postparto, sino además las respuestas traumáticas que se desencriptan en el cuerpo, aunado a las características neurodivergentes.

Muchas veces me he hiper estimulado con la voz, la kinestesia y el hambre de tacto de mi hija. Y lloro porque no quiero rechazarla ni herirla. Entonces me meto al baño para recuperar espacio vital y salgo un poco reiniciada. Muchas veces me estreso con sus deberes de la escuela para que no falte, lleve su tarea y su material, porque sé cómo es entrar al salón con el uniforme equivocado y ser la única que no llevó el material o que no tenía idea del examen de ese día. Revivo los pesados años del Instituto con ella, e intento reescribirlo para ella.

Ser una madre neurodivergente tiene sus retos, pero también sus regalos, como el poder identificar en un tono muy particular de su voz cuándo está cansada, o triste, o incómoda y diferenciarlo porque mi saliva produce un sabor único cuando la escucho hablar, y porque lo siento en el cuerpo. O el poder saber si está a punto de enfermarse porque mi olfato detecta si es de la panza, las vías respiratorias o algo más: oler la enfermedad, olfatear los venenos, los lugares seguros, como un topo.

Soñarla bien o mal y siempre despertarme dos minutos antes de que venga a contarme su pesadilla. El continente de la elefanta es un cuerpo completo que hospeda memorias vitales, unas dentro de otras: la memoria del surgimiento de la totalidad, la fragmentación de los confines, la diferenciación de sus especies, el nacimiento de las vidas con sus propios recuerdos. Antes, la elefanta era parte de otras tierras, y ella recuerda también esos tiempos, algunos serán relatados aquí, en forma de cuentos, poesía y protestas; algunos pertenecientes al no tiempo, algunos otros al eterno presente.