Educar en la reapropiación


Una vía para criar adolescentes rebeldes y enojados con el sistema

Una de mis más grandes preocupaciones al momento de criar, es la de formar un pensamiento de obediencia en mi hija. Soy la adulta a cargo y asumo la responsabilidad inherente a mi ejercicio materno, pero también soy el espacio que sostiene la protección y la seguridad vital. Cuando ella era bebé, la facilidad de ese constructo era directa y fisiológica: yo le daba teta, la mantenía limpia y fresca, vigilaba su integridad. Ahora, en esta nueva etapa, en el espacio liminal entre la infancia y la adolescencia, los cuidados básicos persisten: la alimento, me aseguro que se mantenga lo más higiénica posible, y vigilo su integridad, pero también, la educo para la autosuficiencia, el autocuido y la intuición como vía de integración.

Este post es mutante, no tiene inicio y fin, es una entrada que sufrirá cambios y alteraciones, especialmente en la lista a continuación, donde decanto mi manifiesto de crianza para educar hijos con pensamiento propio, rebeldes y enojados con el sistema.

  1. La obediencia no le sirve a nadie, la obediencia es reflejo de control y abuso de poder, pedir a los hijos obediencia es el uso autoridad adulta por encima de las necesidades y deseos reales de un niño, criar hijos obedientes es formar ciudadanos permisivos, parejas sumisas, humanos sin voz interna, sin brújula interna, cómodos con “el deber ser”.

  2. Los espacios de relación familiar, son espacios comunitarios donde se comunican claramente las necesidades de cada miembro, y se generan acuerdos colaborativos coherentes con la edad y las capacidades de sus integrantes. Los hijos son parte de la comunidad, aceptan mediante el principio de colaboración, asumir sus responsabilidades, y tomar decisiones basadas en un bienestar común sin sacrificar su autocuidado.

  3. Criar en el pensamiento comunitario requiere acción y ejemplo: “esta fruta es para todos, es de todos, sin importar quién la haya comprado”, “esta casa es de todos, y todos nos involucramos en mantenerla cómoda”, “este miembro necesita descanso, todos podemos cuidar su silencio”, “hoy necesitas apoyo, todos podemos colaborar con tu bienestar”.

  4. Pregunta antes de ayudar. La no intervención, es uno de los principios esenciales para el respeto de los procesos individuales. No interrumpas el dolor de nadie, no interrumpas la felicidad de nadie, no interrumpas la dificultad de nadie, no interrumpas el proceso de aprendizaje de nadie. Si ves a un niño poniéndose los zapatos al revés, permítele terminar su camino de darse cuenta de que van al revés y cuando esté listo de hacerlo diferente, enséñale cómo. No decimos: “lo estás haciendo mal”, decimos: “si requieres ayuda aquí estoy para apoyarte”. Aplica para todo.

  5. Las escuelas replican modelos de opresión, autoridad y obediencia. Los niños deben pedir permiso para ir al baño. Yo le digo a mi hija “No necesitas el permiso de nadie para decidir sobre tu cuerpo”. Le preocupa las consecuencias. Le respondo “La autoridad del maestro, y mi autoridad como madre, no tiene ninguna relevancia, porque la única autoridad legítima son tú y tu cuerpo”. No pidas permiso para lo que tu cuerpo sabe, necesita y comunica.