Nia's Wear Paca


Post de reflexión rápida de la ropa, sin datos, ni suficientes argumentos para demostrar cosas que se saben.

Cada tres meses en las juntas que tengo con mis amigas y hermanas de camino, llevamos ropa, zapatos, accesorios, libros y alguna que otra joyita para trocar y sentir que estamos estrenando algo, para dejar sin tener que llevarse nada si es que buscamos soltar para liberar espacio. De lo que queda y que nadie se llevó, se convierte en donativo.

Hace poco a modo de alegoría escribí un toot:

Fui a ver “Devil Wears Prada”. Y pues me imagino que yo le diría a la Miranda esa de Runway, que en México el hermano mayor le hereda una playera a su hermano de en medio, y éste a su hermano menor, quien sucesivamente se lo hereda a su primito. Entonces usa la playera hasta que alcanza el rango de pijama, y en unos años se hace trapo hasta que se desintegra en pedacitos y sirve para rellenar almohadas. Una sola playera ¡Toma eso Miranda!

¿Cuánto tiempo vive la ropa?

Probablemente si nuestra ropa fuera solamente de lino y algodón, de tejidos de pelo animal como lana de oveja, alpaca, conejo (trasquilado, no curtido); o de fibras vegetales como el henequén, el ixtle, la manta, el yute, amate y algunos otros; y de pieles de mamíferos y reptiles curtidas sin químicos. Podríamos asegurar que el tiempo de vida es el suficiente para acompañar a un ser humano toda su vida y heredar unas tres veces la misma prenda antes de haber completado su ciclo de vida. En total, unos 100 años con buena calidad.

Hay todavía en la actualidad, yacimientos antropológicos que, tras su hallazgo se registran restos de tejidos ancestrales, realizados a mano, con tecnología artesanal y textil, para que cada prenda durara suficiente tiempo. Prendas con significado, simbolismo, identidad, y que en varias ocasiones en la prenda se bordaba la historia de vida de su portadora. Las condiciones del suelo, la humedad y la presencia de ciertos minerales puede hacer que una prenda ancestral esté menos descompuesta o biodegradada, y aquí está la clave: Las prendas no se confeccionaban para su conservación o acumulación, se creaban para su función y se remendaban y restauraban para ser heredadas, hasta que cumplían su ciclo útil.

Tapetes, y textiles antiguos que eran tejidos para contar historias de un pueblo, o una familia, también com un intercambio cultural y regalos que hoy nos permiten tener un registro. Estas prendas ceremoniales fueron conservados de manera diferente de forma deliberada, para ser identificados como un legado de dicha cosmovisión y un fragmento de historia. Es decir, los pueblos ancestrales tenían claro cómo preservar las fibras, y decidían cómo trabajar sus materiales.

Al igual que una casa construida con barro, y techo de palma; de piedra y de minerales (algunas veces son montañas labradas), o de arena y elementos endémicos del territorio; las fibras y los tejidos originarios que se utilizaron para la vestimenta, son ahora ejemplo de que la durabilidad no es excusa cuando hablamos de portar y habitar (ambos contenedores) materiales que sean coherentes con la vida y su sana impermanencia. Con la seguridad de que todo se desintegrará en la tierra para recuperar su ciclo. No queremos casas que duren mil años, y requieran mil años de mantenimiento. Queremos casas y ropa que dure nuestro tiempo de vida y tengan un destino simple.

Considerando que actualmente nuestras prendas están confeccionadas con nylon, poliéster, y otros materiales sintéticos; podemos deducir, sin necesidad de tablas o datos duros, que el tiempo de desintegración es al menos ocho veces mayor. Estas prendas están más cerca del grupo de derivados del petróleo, que de las fibras naturales. Un ortodoxo me dirá que el material fósil también es natural y que por lo tanto todos los derivados del petróleo son igual de inocuos como aquellos provenientes de plantas y pieles animales. Cualquier lógica expuesta sobre qué sí es natural o no, y el número de procesos intermedios antes del resultado final, solo diré: La ropa con plástico tiene menos vida útil y tarda en biodegradarse más: lo peor de dos mundos. Además sin el benéfico factor para la salud (traspiración, termo adaptabilidad, fácil de lavar y secar), y la salud del suelo. -no vea ningún anexo y ninguna tabla con números que demuestren lo obvio- Si lo sentimos con el cuerpo, todo lo que usamos debería poder enterrarse sin generar daño a los suelos.

Fast Fashion, ropa de diseñador, la alta costura, y el desierto Atacama

Antes de divagar sobre el desierto, te pongo acá una nota de esta pesadilla: https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-60024852

Y te lo cuento no con datos, con mi sentir.

Realmente no comprendo el maldito culto a la belleza, entre cremas, maquillaje, productos cosméticos, ropa y accesorios que cada día le cuestan a la Planeta agua, suelo, biósfera. Pero especialmente, este que habla de las prendas de vestir y la falsa sensación de opulencia, elegancia y otras neurosis clasistas, elitistas, consumistas. Hay demasiada ropa ya fabricada como para seguir creyendo que nos podemos dar el lujo de estrenar. Usemos lo que ya existe. Heredemos, recliclemos, aprendamos a dar valor a lo que todavía sirve y funciona. Remendemos, reparemos, renovemos. Elijamos bien.