La Suavidad, La Sensibilidad y La Ternura
La Ternura Como Acto Político y Revolucionario
Ser, quiero decirte (a la vez me lo digo a mi misma), que no tienes la culpa de todas las veces que fuiste educada y programada para la crueldad. Tampoco eres culpable, responsable por haber sido el cuerpo que recibió la violencia y que en ocasiones se sigue replicando mediante los discursos de la competitividad (no me cansaré de denunciar la hiper productividad como parte de los cánceres sociales), o mandatos del falso valor y el falso esfuerzo que, programa y reproduce seres desconectados emocionalmente. En las políticas de la ternura, se asume una postura subversiva a todas las formas que opriman nuestra interacción vincular humana con lo humano y no humano de manera orgánica y exploratoria. ¿Cuántas veces en el colegio nos quedamos contemplando un ave, un árbol, una ardilla, un insecto, el rostro de quien nos gustaba? ¿Y cuántas veces fuimos interrumpidos en esa dinámica sana e intima, por el profe con frases como: “Estás en la luna ponte a trabajar” (por decirlo de la forma menos humillante), seguido de las risas burlonas de la clase? El castigo de la exposición humillante para los “sensibles de la clase”, es un constante rechazo a la protesta interna de no ir con el sistema a hacer planas repetitivas de datos irrelevantes. Y que a la vez premia a quienes se vuelven indiferentes, disfrutan del sufrimiento ajeno, desarrollan insensibilidad. La autora Rita Segato nombra este ejercicio de ideas como la Contrapedagogía de la Crueldad. Por lo tanto, la sensibilidad es también una forma de resistencia cultural.
La ternura sabe que la contemplación es una medicina fácil y gratis de la corregulación, así como una forma vital de reconectarse con la vida y el momento presente sin la intención premeditada de hacerlo. Es interesante cómo las sociedades del consumo, pagan por clases de yoga y meditación en horarios establecidos, porque el resto del tiempo tienen horarios establecidos para producir “riqueza”, y sin embargo, no son capaces de entrar en un estado contemplativo de manera autoinducida y espontánea; les fue expropiado desde la infancia. Adultos que no juegan. Adultas que no ríen. Adultocentrismo zombificado con palabras como Alto Valor, Cotizar en la Bolsa, Patrimonio, y otra sarta de idioteces que no tienen nada que ver con estar vivos.
La Ternura como contingente político, es incómoda, disruptiva, confrontativa.
Recuerdo que uno de mis más íntimos vínculos después de más de 10 años trabajando en horarios de oficina, era incapaz de quedarse en cama un domingo después de las 6:00AM, lo sentía como una desobligación o un premio que debía ganarse después de hacer todos los pendientes del día. Así fuera lavar unos trastes o salir al mercado, el descanso y el vacío de actividades eran lo último en la lista de importancia, y lo primero a negociar en el reconocimiento de las necesidades. Hablo de que estaba profundamente desconectado de su universo emocional y sutil, nunca recordaba lo que soñaba al dormir y pocas veces podía reconocer sus propias necesidades, deseos y propósitos. Este nivel de programación eventualmente nos vacía por dentro, normaliza el agotamiento, individualiza el éxito y el fracaso desde la meritocracia, y remata con la culpa como método de manipulación para la formación de seres con complejo de insuficiencia y una deuda moral que se paga con más productividad.
La Teoría del Caracol Vacío
En ciertos espacios terapéuticos, donde se integra la recuperación del abuso narcisista, se usa una metáfora que hace alusión a un caracol vacío, como estado psicológico de “haber quedado vacía por dentro”, después de una relación prolongada de control, invalidación y desgaste emocional. Por fuera se mira al caracol con su estructura intacta, pero por dentro, el ser que habitaba el caracol ya no existe, ha perdido la identidad, el deseo, el principio del self. El trauma relacional prolongado va disociando progresivamente al individuo debido a la exposición al abuso, que en la mayoría de los casos, es sutil y lateral (no se reconoce que se vive abuso, ya que no es frontal ni explícito). El vacío se produce al adaptar constantemente la conducta relacional, hipervigilar emociones ajenas, suprimir necesidades propias, desconectarse de los deseos auténticos. Poco a poco vamos dejando a nuestro “yo verdadero” para después, y la relación comienza a organizarse en función al otro (el narcisista): buscar aprobación, evitar conflictos, anticipar reacciones, sobrevivir emocionalmente; subjetivamente, nos vaciamos. Quizás más adelante haga una entrada donde el núcleo sea la supervivencia narcisista contada desde mi historia con algunos tintes de psicología, pero por ahora, me quiero centrar en esta alegoría:
El sistema capitalista está construido sobre bases de trastornos narcisistas, y por lo tanto, todes quienes pertenecen a este sistema, tienen rasgos de trauma emocional de supervivencia narcisista. Tarde o temprano, llegan a un cierto vacío y la pérdida de sí mismes. El auto engaño puede ser tan drástico como creer que el espacio laboral no es una relación, que se hace lo que se tiene que hacer sin generar intercambio emocional, vínculos, o involucramiento de la identidad...., bueno, esto para mí ya es síntoma disociativo: Todos nuestros espacios de interacción son relaciones, todos.
Apropiación de la ternura en todos los espacios de relación
Normalizar la deshumanización es un paradigma cultural nuestra política establece: * Conmovernos ante el dolor, el cansancio, y las necesidades de cada ser, * Cuidar el bienestar propio y comunitario, * Escuchar las necesidades y deseos propios y otroras, * Ir más lento y hacer excepciones porque todos los contextos importan, * Hablar de sensaciones y sentimientos, * Integrar elementos vinculares que prodiguen el lenguaje de la ternura, * Ser productores de ternura como acto político.
continuará...