Distancia emocional como método de control

En este blog hablamos de discursos anti coloniales, anti patriarcales, anti captalistas, y su intersección con todo lo que ocurre en el ámbito humano: maternidad, crianza, infancia, adolescencia, adultez, vejez, nacimiento, muerte, oficios ancestrales, relaciones ecodiversas y por su puesto, pareja y sexo; mientras que se cuelan cuentos y poemas, a veces.

Trae un cafecito, porque pretendo hacer un post medianamente largo y dejarme llevar por lo que surja con estas reflexiones, que son muchas y que dan para un artículo mutante. Por si aún no los conoces, los artículos mutantes, son entradas que “estoy escribiendo” (como uno que estamos siendo, porque estamos viviendo, todavía no nos morimos ni somos seres completados). No tienen “parte 1”, “parte 2”..., porque no están secuenciados, son más bien, entradas que comienzo y que no pretendo concluir, porque dentro de este ejercicio literario, más ideas van nutriendo dicho artículo; otras ideas previamente escritas se afinan y actualizan; le crecen ramas y párrafos, maduran dentro de su espacio nominal, y se construyen de manera epistémica a lo largo del tiempo. Un post, o artículo mutante, además se exalta de novedades, con breves notas de edición a un lado de los cambios o a los pie de página, como un guiño al tiempo en el que se construye y desconstruye, una forma de comunicar que el pensamiento es un evento circular y espiralidoso, rompiendo así la tensión a la creencia de que uno debe tener ideas fijas, y “terminar” todo lo que se comienza.

En algunos de estos Posts Mutantes, hablo de la sensibilidad como acto de resistencia política, de la descolonización de las relaciones, y de la educación desde el punto de vista de la crianza, como una oportunidad social para acompañar la libertad de los individuos (y hacerlos rebeldes y antisistema).

Y ahora sí, a lo que nos truje. Me he estado cuestionando últimamente de los contornos de la distancia emocional. Escribo en una primera persona como voz conductora, aún cuando no me identifico con todas estas afirmaciones, pero es un método socrático que nos invita a hacer todos la reflexión en primera instancia, con la palma de la mano en el corazón, y no, con un dedo apuntalando hacia afuera. Estas son mis preguntas, y sobre esto estaré reflexionando. La distancia emocional es:

¿Una manera de castigar a los vínculos porque se están “portando mal”? La premisa de que provenimos de un sistema de crianza que tiene como base el premio y el castigo, donde el premio mayor, es el amor y la aceptación de los padres y tutores, para eventualmente ser amados e integrados socialmente. Este sistema de premio y castigo es perverso, pues distorsiona la percepción de la libertad de ser une misme. Si no podemos observar que estamos sometidos a adoctrinamientos de pensamiento, la libertad se asume como algo que se gana en lugar de asumirlo como estado intrínseco del ser, inherente al nacimiento o la existencia. Cuando castigamos a nuestros vínculos retirándoles nuestro afecto, estamos replicando los condicionamientos del origen familiar, o social, que per se, tienen cargas materiales de la esclavitud, el feudalismo, el capitalismo y la lucha de poder o abuso de la autoridad. Retirarle el acceso a la emocionalidad a cualquier afecto, incurre en ejercer una violencia pasiva y encubierta, es de todas maneras una dinámica de poder. El que regula cuándo da y cuándo quita, establece el ritmo de la emocionalidad, aniquilando en la otredad su expansión orgánica y la construcción de una vincularidad sólida y sana. Castra y domestica la libertad de expresión emocional, y encarcela la posibilidad del verdadero conocimiento del otro yo. Cuando nos distanciamos emocionalmente, nos y los excluimos de nuestro mundo interno, del acceso a nuestra intimidad, nos portamos en extremo herméticos y defensivos. Si el castigo se ejerce de manera consciente, como una respuesta disuasiva, les estamos enviando a nuestros vínculos el mensaje de que son insuficientes, inadecuados, y no merecedores de nuestro amor. La responsabilidad afectiva recae sobre la otredad, para reparar y cargar el cuerpo emocional de la relación, para contener toda la ternura y la voluntad de clarificar lo que el distante deja en las sombras. El distanciamiento desde esta táctica deja por entre dicho indirectamente, que la otredad ha hecho algo que incomodó, y no va a recuperar el privilegio del cariño, a menos que sea y se comporte dentro de los confines aceptables por el ser distante, que son el quid pro quo del merecimiento afectivo. El distanciamiento emocional cierra y bloquea los canales de conversación, diálogo y resolución de conflictos, desde una postura no igualitaria.

¿Es una manera de cuidar el espacio personal? O sea, “no eres tú soy yo”. La búsqueda de una intimidad personal para acomodar, organizar, y resolver asuntos internos sin querer lastimar o incomodar a nadie. Hacemos un viaje de búsqueda de visión a la montaña, nos metemos a la cueva, nos aislamos y nos vamos de retiro para conversar con nosotres mismes porque a veces la mente se desordena. Pero, ¿Por qué se desordena? ¿Qué la desordena? ¿Por qué somos reactivos a ciertos patrones y por qué la respuesta de aislarse?, ¿Por qué no otra respuesta? Sí, hay quienes responden buscando más a sus vínculos y reforzando los lazos cuando se sienten en peligro, cuando los personajes se están desmoronando, o cuando necesitan reconocimiento, validación y recompensa. Lo peligroso sería entonces, oscilar entre un patrón y otro: Por una parte se genera una distancia emocional cada que, hay un descontento: ergo, simultáneamente se espera reconocimiento y validación para reactivar el afecto. Y es un problema pues esto revela una inmadurez emocional profunda y un rasgo narcisista en vías de gestación. Quien sobre protege su espacio personal, le comunica a sus vínculos que podría estar ocultando algo, y genera disparadores de desconfianza, aún cuando el distante no está mintiendo, ni encubriendo partes de su vida. El aislamiento voluntario, revela la ausencia de estrategias de regulación del sistema nervioso, y de formas más equilibradas de abordar el cansancio y la soledad. Nos sorprenderíamos al descubrir que, una de las estrategias de regulación de las personas que más se les dificulta estar solas, es la de sobrepasarse de su ingesta social, engentarse, llenarse de actividades para luego “desaparecer” largo tiempo solo, para no resentir el vacío, sino alcanzarla como un premio que se merece por haber estado disponibles para otres. La soledad entonces ya no es un problema que enfrentar y visibilizar, sino un espacio de liberación momentáneo.

¿Necesitamos reafirmar que somos soberanos? ¿Queremos proteger nuestra privacidad en exceso? ¿Existe como tal, un exceso de privacidad? ¿En qué momento ser transparentes, accesibles, recíprocos con la intimidad relacional, cuida las fronteras de la privacidad personal y en qué momento las trasgrede y las dispara? ¿El concepto de privacidad es una clausula patriarcal? ¿Qué aspectos dentro de un vínculo son abiertos, y cuáles privados?

¿Qué o a quién, estoy protegiendo cuando me distancio emocionalmente? Protejo una imagen construida de mi verdadero ser? Protejo al personaje creado para agradar, aquel que fue moldeado y domesticado en la infancia oprimida?

¿La distancia emocional es una respuesta a la búsqueda de control? Como sentir que uno puede tener dominio sobre algo, porque soltar el personaje, soltar la rigidez: abrir el cuerpo, el corazón, las fascias; es un activador de las memorias vinculares traumáticas a la vulnerabilidad. ¿De qué me protejo cuando me resguardo detrás del control?

Estoy intentando unir los puntos donde el control y la distancia intersectan y cómo este aparente oximorón, podría ser la pista de una respuesta primitiva a la resistencia a la domesticación, y cómo la socialización prematura podría generar improntas traumáticas en la psique, como si es aislamiento fuera una manera de intentar proteger la parte más íntima de nuestro ser.

otro día vengo a ponerles negritas y cursivas y sintaxis a tanta palabra <3